Lara es nombre de Alfoz, sinónimo de avance
reconquistador de los cristianos, verdadero lugar primigenio de un
condado que luego será reino, y hasta imperio: Castilla. Los restos de
la presencia humana en estas tierras arrancan en el Paleolítico; cobran
importancia en época celta y, especialmente, en el periodo de
dominación romana, de gran importancia para las comunicaciones del
Imperio. De ambas civilizaciones son abundantes los restos hallados
(armas, enseres, monedas, aras, estelas) y aún visibles en el caso de
las dos fuentes romanas existentes en Lara, o de las piedras talladas.
De
destacar en este pequeño pueblo son las ruinas del primitivo Castillo
de Picón de Lara, situado en una cima próxima al propio pueblo. Este
castillo fue fundado por Gonzalo Fernández, padre de Fernán González.
Apenas quedan piedras que hagan suponer la existencia del castillo-cuna
del futuro Imperio de Castilla.
En el año 929 es Alfoz de
Lara, es decir tierra de frontera en la Reconquista y por tanto de
obligada repoblación. Muy cerca de aquí, en Quintanilla de las Viñas,
existe una ermita visigótica donde, se dice, se celebró el primer acto
público de Fernán González para la restauración de un viejo monasterio.
Al igual que sucede en tantas otras localidades, la emigración
y el abandono de la forma de vida tradicional vinculada al campo, dura
por definición, supuso un declive paulatino y aparentemente inexorable
de la sub comarca. No obstante, las alternativas que plantean las
nuevas formas de vida del III Milenio (recuperación de viviendas para
vacaciones, turismo cultural...), tienen aquí un campo abonado
inmejorable; porque quien de verdad quiera conocer cómo fue el
nacimiento de Castilla, no ya la Castilla Vieja, sino la Antigua (o
mejor, la Eterna), que se acerque hasta Lara.
En Aceña de Lara se encuentran unas cuevas habitadas, probablemente en la edad de Bronce.
Uno
de aquellos legendarios condes castellanos altomedievales fue Fernán
González, uno de los grandes personajes ligados al sentimiento
patriótico castellano.
En el extenso periodo de tiempo que Fernán
González gobernó Castilla, logró la independencia, de facto, del
Condado, estableciendo el carácter hereditario de su gobierno y
afirmando las bases para que, décadas más tarde, se constituyera en
reino.
Fernán González nació probablemente en el castillo de Lara
(Lara de los Infantes) en la Sierra de la Demanda burgalesa en una
fecha indeterminada de los inicios del siglo X.
Fue hijo de Muniadona y Gonzalo Fernández, a su vez conde de Burgos y de Castilla.
En
el año 931, Fernán González aparece como Conde de Burgos, Castilla,
Asturias de Santillana, Lara, Lantarón, Cerezo y Álava y es persona
respetada e influyente en la corte de Ramiro II de León.
El
acontecimiento decisivo para su encumbramiento debió ser el apoyo que,
de nuevo, las tropas del buen Conde prestaron al rey Ramiro en la
famosa batalla de Simancas, celebrada en el año 939, en el que fue
derrotado un enorme ejército musulmán.
Este acontecimiento
permitió a Fernán González extender inmediatamente su acción
repobladora hasta la Cordillera Central. Poco después Fernán González
se casa con Sancha, hermana del rey de Navarra García Sánchez lo que
refuerza su poder y le permite acentuar su política autonomista. El
enfrentamiento con el rey leonés es inevitable.
Fernán González es
encarcelado. llega la reconciliación entre Ramiro y Fernán,
posiblemente por el empuje del califa cordobés Almanzor.
Fernán
González recupera el título de Conde Castilla y emparenta con el propio
rey, aunque los últimos años de vida del Fernán González están marcados
por los desórdenes dinásticos de León.
Fernán González muere en el
año 970 en Burgos, dejando unas tierras autónomas, fortalecidas y
acostumbradas a la vida de frontera y al combate, con buenas
perspectivas para convertirse en un gran reino.
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